Vivimos mejor sin condiciones sociales

La vida humana está controlada por nuestras propias emociones; todo lo que decidimos hacer, tiene una influencia proveniente de lo que se va experimentando. Esta situación crea un problema muy grave en el vivir, que es el de sufrir las consecuencias de decisiones aparentemente mal tomadas.

Este sufrimiento por las decisiones es uno de los frenos de la felicidad más comunes entre las personas, y por configuración, es también la más difícil de controlar. Crecemos enseñados que las malas decisiones hay que llorarlas, que es normal que nos entristezca y que, si en el futuro lo recordamos, debemos conmovernos.

Pero una cosa es cierta, y es que solo es necesario llorar el problema una vez y es necesario superar una sola vez; cuando superamos un problema, y vemos al pasado, no tenemos que conmovernos, sino alegrarnos de lo que logramos a pesar de lo malo que hicimos.

Haciendo frente a las condiciones sociales

Para lograr la felicidad, es importante reconocer las condiciones sociales y deshacerse de ellas si impiden buscar la realización personal. En muchos lugares, sufrir situaciones como una separación de pareja o el haber adulterado, requiere que los individuos sufran de alguna forma.

La sociedad pide que se experimente el escarnio público y la adopción de una veta que recuerde para siempre la situación ocurrida. Pero la verdad es que superar un abandono o un problema de adulterio, no requiere someterse a todas estas cosas, sino que requiere es someterse a un autoanálisis y una revisión de los hechos ocurridos.

Hacer frente a las condiciones sociales, generalmente implica comportarse de manera más inteligente. Para el caso del adulterio, dar respuestas a preguntas explicativas, puede revelar la razón que motivaron al hecho y dar herramientas para madurar y superar esos hechos.

Esto se aplica a muchos otros hechos como el fracaso laboral, la pérdida de un familiar, la quiebra de un negocio, una discusión con un amigo, entre otros.

Perdonarse a sí mismo es muy importante

El sentimiento de culpabilidad es uno de los enemigos más serios de enfrentar, especialmente cuando se es el perpetrador del problema. Cuando se hace frente a la situación y se hace un autodiagnóstico, se reconoce la necesidad de perdonarse a sí mismo para superar lo ocurrido.

Perdonarse a sí mismo es entender que, como humanos, cometemos errores como los que acabamos de hacer, pero nuestra inteligencia nos permite reconocer y aprender a hacer las cosas mejor. Perdonarse a sí mismo es también la mayor demostración de amor propio.

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